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Leyenda. La construcción de las murallas de Granadilla

Resulta que uno de por estas tierras se soñó tres veces que, en un canchal del su corral, donde siempre se echaba una cabra con el chivo, había escondidos, debajo del canchal, una cabra y un chivo de oro. Total, que le dio por picar el cancho y, efectivamente, aparecieron una cabra y un chivo de oro.

            Queriendo agradar al rey, que estaba en Granadilla, cogió la cabra y el chivo de oro y los metió entre unos jaces de pasto, que cargó en una caballería, dirigiéndose a Granadilla. Al llegar ante el rey, le dijo:

            -Escoja, su majestad, pues le traigo una cabra y un chivo.

            El rey, pensando que el cabrito siempre era más tierno y hacía mejor guisado, pues, viendo que el hombre se empeñaba, le dijo que prefería el chivo. Y, claro, la sorpresa fue grande, porque el rey vio que era de oro, tanto el chivo como la cabra. Pero el hombre, para que el rey no quedara a disgusto, le dijo que también le regalaba los cuernos de la cabra. Entonces el rey dijo:

            -"Sacaremos a la venta

            los dos cuernos de la cabra,

            que es preciso levantar

            las murallas de Granada".

            Y es que, antiguamente, Granadilla se llamaba Granada."

[Mesegal. Nicolás Sánchez Montejo. Verano de 1992]

 

 

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